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Mujeres mayores : Letra y música de las mujeres con arrugas

 

¿Sabremos envejecer con salud? ¿Seremos capaces de aceptar tantas pérdidas? ¿Cómo encajará el cuerpo y el espíritu el paso de los años en esta sociedad que tanto valora a las mujeres por la imagen y la apariencia física? ¿Qué será de nosotras con la pérdida de roles? ¿Cómo haremos frente a la más frecuente soledad? Estas preguntas se me agrupan ya, viendo pasar los años, mirando alrededor, asumiendo que el fututo ya me pisa los talones.

 

La letra son los datos

En marzo de 2011, el Ministerio de Salud, Política Social e Igualdad publicó el Informe sobre las Mujeres Mayores en España. Representan el 10% de la población total española, procediendo de una sociedad sumergida en la pobreza y teniendo que desarrollar a la vez tareas domésticas, cuidado de personas y a menudo un trabajo en el sistema productivo sin protección legal.

Con una esperanza de vida de 84,65 años, mientras que para los varones es de 78,66, y aunque esta tendencia va igualándose poco a poco, supone aún que estamos ante el fenómeno de la feminización del envejecimiento, que no ocurre sólo en España, sino en toda la Unión Europea.

Las mujeres mayores, además, padecen la falta de estudios, producto de las desigualdades de género de sus años mozos. El nivel educativo de casi el 83% de las personas mayores no traspasa los estudios primarios, pero entre las mujeres hay muchas más analfabetas y pocas mayores de 75 años tienen estudios superiores en relación a los varones de su misma edad.

El 44,5% de las mujeres mayores son viudas, mientras que no hay el mismo porcentaje de viudos, sino que el 79,9% de los varones mayores están casados. Esto puede indicar que las mujeres mayores desean nuevas oportunidades de autonomía y emancipación, y realizar muchos de los proyectos que dejaron aparcados, pero también supone que son más vulnerables. Cuando aparece la enfermedad o la dependencia, a menudo no tienen nadie al lado.

Es significativo que el 17,9% de las mujeres de 65-74 años, y el 44,4% de las mayores de 75 tienen limitaciones para realizar las actividades básicas de la vida diaria, mientras que este porcentaje se reduce al 10% y al 30,4% respectivamente en el caso de los varones. Es claro que vivir más años no significa, en las mujeres, vivir mejor.

Por último, el perfil de los beneficiarios de las pensiones no contributivas de jubilación, es predominantemente el de mujer española con una edad comprendida entre los 70 y 79 años. La cuantía de dicha pensión íntegra para el año 2011 es de 347,60 euros. Esto sugiere que las mujeres mayores, globalmente, son más pobres que los varones, cuestión que es cierta para todos los grupos de edad, no solo para las de más edad, pero que es especialmente sangrante en las mujeres mayores.

 

La música es una sinfonía

Sí, un conjunto armonioso de cosas que se conjugan a la perfección, así es la vida de muchas mujeres mayores, así deseamos que sea nuestra vida. Una mezcla de sonidos que quieren componerse en equilibrio. Con los ecos del pasado y pasadas ya las prisas de responder a todo en todas partes, acallados los deseos de triunfar y reconociendo que la responsabilidad última no es sólo nuestra, estamos vivas, pletóricas, despojadas de vanidades y repletas de generosidad.

La vida nos ha brindado no solo desplantes, sino oportunidades. La posibilidad de conjugar trabajo, cuidado y construcción personal. Si la factura pagada nos permite levantar la cabeza, conocemos el secreto de una vida que tiene múltiples dimensiones, y nosotras, artistas polifacéticas, conseguimos dar una charla magistral, hacer un delicioso bizcocho, cuidar a ese nieto tan inquieto y participar en un encuentro para aprender algo nuevo. Todo ello aderezado con una buena carrera mañanera y algunos rezos vespertinos.

Pero esta descripción tan ideal no oculta la realidad, y es que hay también mujeres enganchadas a la soledad, confinadas al sentimiento de inutilidad, maltratadas por un alrededor que no las reconoce, condenadas a padecer depresiones que a veces no son nombradas ni tratadas, atribuyéndose erróneamente a los caprichos de la edad o de la personalidad.

 

Palabras, canciones, colores

Pienso en las mujeres de todas las culturas y generaciones. Algunas han cargado con el peso de la civilización para parirnos entre algodones. Han atravesado palos y murallas, negaciones y menosprecios, silencios y falta de oportunidades. Sin conocer las letras o los números, han llevado a los hombros el agua y la esperanza, nos han traído hasta aquí y nos han permitido renacer deseosas de no renunciar a nada. Con ansias de libertad nos enseñaron las palabras reprimidas: identidad, misión, autonomía, corresponsabilidad.

Tarareando las canciones populares, las mujeres mayores han rendido homenaje a la cultura, han plantado en nuestros cerebros el deseo del canto, la admiración de las campanas de la tarde, el saboreo de los ruidos cotidianos, como si la música del mundo fuera el arte más vibrante del momento.

Los más bellos colores de los cuadros han sido pintados por las manos ancianas de la abuela que bordaba, y que con gafas de aumento nos ayudaba en las labores escolares. Esas manos de nudos incomparables, sabias y cariñosas, zurcían calcetines y entresacaban los hilos de los antepasados rindiendo homenaje a tantos muertos, vivificando nuestras raíces.

De generación en generación Como dicen las palabras hebreas, de generación en generación, las mujeres mayores han sido el ancla, el bastión, la referencia. Son los rostros familiares que, cuando desaparecen, nos dejan en el más terrible desamparo. Aunque necesiten nuestro brazo y atención, aunque hayamos peleado con ellas lo indecible, en el fondo, las necesitamos más a ellas de lo que somos capaces de reconocer.

Con el mañana un poco más cerca, son el espejo donde se miran las generaciones venideras, donde se dibuja lo que seremos, avisándonos de las piedras en las que fácilmente tenderemos a tropezar. Sus arrugas siguen siendo surcos silenciosos que nos previenen de los malos caminos, señales diestras para no perdernos en el paso del tiempo.

Mirar la vida desde las mujeres mayores es mirar a la vez desde el llano y la montaña, hacia el horizonte y hacia el camino, como si se pudieran hacer varias cosas a la vez. Saber que la vida dura poco y que es eterna, con la misma certeza que se sabe que hay que hacer la comida hoy. Esta perspectiva supone afirmar que, más allá del paso cercano, hay un después y existe el siempre.

Cuando miro en torno a mí y veo tantas mujeres mayores valiosas, generosas en sus opciones, concretas en sus gestos y palabras, pienso si no será que están hechas de un material desconocido, más allá de la carne, tan humana. ¿No será que el Creador afinó un poco más su cincel al dar este toque maestro? Lo que sé seguro es que las mujeres mayores apuntan un poco más al Cielo, tanto como están afincadas en la Tierra. Nada de su historia cotidiana está ausente de significado. Nada de lo que pasa o lo que les pesa es indiferente, intrascendente, vacío o hueco, y así saben encajarse en el sentido infinito de la vida. Eso espero también para mí, heredera en el borde de una nueva edad.

 Rosa María Belda. Médico, mujer y madre

 

OTRAS VOCES

"Cuanto más busquemos la fuente de la eterna juventud y continuemos negando la edad, definiéndola como problema, ese problema no hará más que empeorar. Porque no sabemos nunca lo que podríamos ser, y no nos preparamos para romper las barreras que nos impiden utilizar nuestros dones de personas maduras dentro de la sociedad o exigir estructuras que necesitamos para fomentarlos".

Betty Friedan. La fuente de la edad. Vivir la vejez como una etapa de plenitud.

Planeta, Barcelona 1994 .•

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